jueves, 11 de marzo de 2010

FILOSOFOS ATOMISTAS

Conjunto de pensadores que defienden el a. filosófico, según el cual el constitutivo último de la realidad son unos corpúsculos indivisibles llamados átomos (v. I). En los defensores de esta doctrina, que ha sido una constante a lo largo del pensamiento filosófico, se pueden distinguir las siguientes etapas: atomistas hindúes, grecorromanos, medievales, renacentistas y atomistas de los s. XVII y XVIII. A partir del s. xix el a. filosófico entra en plena decadencia, surgiendo en su lugar el a. científico, con caracteres y alcances muy distintos.
Atomistas hindúes. Principalmente son los defensores del Vaisesika, uno de los seis darsanas (sistemas) filosóficos ortodoxos de la India, cuya creación se atribuye a Kanada, autor del Vaisesikasutra, el escrito fundamental de la escuela; otros pensadores de la misma son Prasastapada, Ravana, Sridhara y Sankara Misra. Según los atomistas hindúes del Vaisesika hay nueve clases de sustancias, cinco de ellas perceptibles por los sentidos (agua, tierra, fuego, aire y éter) y otras cuatro no perceptibles por ellos (espacio, tiempo, alma y mente o espíritu); las cinco primeras son sustancias físicas, integradas por partículas elementales llamadas anu, que guardan indudable semejanza con los átomos de la filosofía occidental; de las combinaciones de estos anu se forman los cuerpos.
También se incluye en los atomistas hindúes a los jainas, los seguidores del jainismo (v.), uno de los darsanas heterodoxos. Se atribuye su fundación a Vardhamana (más conocido con el sobrenombre de Mahavira, el gran hombre), en el s. vi a. C. Según el jainismo, los seres se dividen en conscientes e inconscientes. Dentro de éstos hay que distinguir el espacio, el tiempo y la materia, la cual está integrada por unos elementos simples indivisibles.
Atomistas grecorromanos. Hay que señalar dos momentos. Uno formado por Leucipo, Demócrito (v.) y sus discípulos, y otro debido a Epicuro (v.) y sus continuadores. Respecto de Leucipo poco sabemos, habiéndose llegado a dudar de su existencia (W. Nestle); parece que n. en Mileto o Abdera, viviendo en la primera mitad del s. v a. C. Se le atribuye el Megas diacosmos (Gran ordenación del mundo),, en la que habría un precedente del a. de Demócrito. En cuanto a los discípulos de Demócrito, los más destacados fueron Metrodoro de Quíos, Diógenes de Esmirna, Anaxarco de Abdera, Bión de Abdera y Nausifanes de Teos, todos ellos del s. iv a. C. El último, Nausifanes, maestro de Epicuro, es el puente de enlace entre el grupo de los atomistas democríteos y el de los epicúreos (v.).
Atomistas medievales. Se caracterizan por un sentido religioso que les hace apartar su a. del materialismo (v.) propio del grecorromano. Hay que distinguir entre atomistas musulmanes y cristianos. En los primeros están los mutakallimum asaríes, durante el s. x, que afirmaban que el mundo corpóreo está formado por átomos creados por Dios y que se unen para componer los seres según leyes fijadas por Dios. Entre los segundos, poco numerosos por influencia del agustinismo y del aristotelismo, destacan Guillermo de Conches (1080-1145), para quien los átomos son creados por Dios de la nada y de cuya unión nacen los cuatro elementos, que a su vez, al combinarse, dan lugar a los seres corpóreos; Hugo de San Víctor (ca. 1096-1141) que, si bien mantiene que la materia está formada por átomos invisibles e indivisibles, intenta enlazar el a. con el hilemorfismo (v.) aristotélico; Nicolás de Autrecourt (ca.1300ca.1350), el más puro atomista medieval, que rechaza el hilemorfismo, defendiendo que para explicar el mundo corpóreo bastan los átomos y el movimiento local, del que se derivarán. las agregaciones de átomos, que son los seres corpóreos.
Atomistas renacentistas. El a. en el Renacimiento no está claramente definido, sino que se mezcla con teorías alquimistas. Tal es el caso de Paracelso (v.) (1493-1541) y Gerolamo Cardano (1501-76).
Atomistas de los s. XVII y XVIII. En el s. xvii se produce un poderoso renacimiento del a. Destacan Sébastien Basso (Philosophiae naturalis adversus Aristotelem libri XII), Daniel Sennert (De chymicorum cum aristotelicis et galenicis consensu et dissensu), Joannes Chrysostomus Magnenus (Democritus reviviscens), y, de un modo especial, Gassendi y Maignan.
Pierre Gassendi (n. en Champtercier en 1592; m. en París en 1655) es el gran renovador del a. En sus escritos, especialmente en De vita, moribus et placitis Epicuri libri octo, Syntagma philosophiae Epicuri y Syntagma philosophicum expone un a. que intenta conciliar con los dogmas cristianos. Los principios explicativos de lo real son los átomos, el espacio vacío y el movimiento. Los primeros, que son indivisibles, invisibles y diferentes en peso y tamaño, han sido creados por Dios en número elevado, pero no infinito. En virtud de su movimiento se desplazan por el vacío, donde chocan entre sí, dando lugar a la formación de los cuerpos; pero estos choques no se producen gracias a un ciego olinamen (v. EPICURO, EPICúREOS), sino que están ordenados y dirigidos por Dios; de ahí la admisión de la Providencia (v.) divina y del teleologismo en la Naturaleza.
Emmanuel Maignan (n. y m. en Toulouse, 160176) defiende en su Cursus philosophicus un a. radicalmente mecanicista. Detractor del hilemorfismo por no hallar en él ningún fundamento en la experiencia, único camino para el estudio de los fenómenos físicos, mantiene que los cuerpos están integrados por átomos heterogéneos en su naturaleza y en su figura. Ambas propiedades, unidas al distinto orden de colocación que pueden adoptar los mismos átomos, explican adecuadamente la pluralidad de cuerpos diferentes.
A partir de Gassendi y Maignan los atomistas se dividen en gassendistas y maignanistas, defendiendo los primeros la homogeneidad específica de los átomos y los segundos su heterogeneidad. Entre los primeros se pueden citar Frangois Bernier (162088), Samuel Sorbiére (161570) y Jacques Sallier (16151707); entre los segundos, Jean Saguens (segunda mitad del s. XVII). En España también hubo gassendistas (Luis Rodríguez de Pedrosa, Isaac Cardoso y Martín Martínez) y maignanistas (Diego Mateo Zapata, Juan de Nájera que usó el seudónimo de Alejandro de Avendaño y Tomás Vicente Tosca).

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